Cuando hablamos de comedores comunitarios, seguramente pensamos en un lugar que únicamente brinda alimento a personas en condición de vulnerabilidad. Pero estos espacios pueden ser mucho más que eso: incluso pueden convertirse en un refugio para quienes no han contado con la misma suerte que muchas otras personas. Cerca del corazón de Santiago de Cali, en el barrio Municipal, existe un comedor comunitario llamado ‘Proyecto Amalia’.
Es una casa de tres pisos por la que muchas personas pasan sin imaginar que, detrás de esas paredes, se encuentra un refugio que acoge a chicas trans y personas diversas de la comunidad LGBTIQ+. Sin importar cómo visten, cuál ha sido su historia o qué heridas llevan consigo, allí encuentran un abrazo. Pero ese abrazo no solo se traduce en alimentos, sino también en acompañamiento psicosocial, procesos de rehabilitación y formación laboral en áreas como peluquería y belleza.

"La esperanza, como el pan, se multiplica cuando se comparte."
En este espacio seguro encontramos a Norma Rincón, una mujer trans que ha transformado su vida en un símbolo de resistencia y amor propio. Desde muy temprana edad decidió contarles a sus seres queridos sobre su orientación sexual. Ellos lo tomaron con mucha tranquilidad, abriéndole camino para mostrarse verdaderamente como quería ser. Comenzó a vestir su cuerpo con ropa de niña, a probar el maquillaje y a dejar crecer su cabello, dando paso a la persona que es hoy.
Pero, para Norma, hacer lo que hoy la hace feliz no ha sido un recorrido fácil. Pese al amor, el cariño y el apoyo de sus seres queridos, salir a las calles sigue siendo un reto. En su caminar puede encontrarse con personas que intentan atacarla con comentarios de burla o rechazo por el simple hecho de ser una mujer trans. Son situaciones que no apagan su alegría, pero sí le recuerdan que aún existen barreras por superar para vivir plenamente su identidad y caminar con libertad.

A pesar de ello, Norma no pierde la esperanza. Sueña con el día en que salir a las calles no implique sentir miedo o rechazo, sino que ella y su comunidad puedan caminar con tranquilidad, sentirse seguras y vivir su identidad con la misma libertad con la que hoy busca construir su felicidad.
Es así como el comedor comunitario ‘Proyecto Amalia’ llega a la vida de Norma para convertirse en mucho más que un lugar donde encontrar un plato de comida. Entre sus espacios ha descubierto nuevas oportunidades, ha encontrado formas de superarse y ha aprendido a reconocer sus propias capacidades. Allí ha asumido responsabilidades, como mantener los espacios limpios y organizados, una labor que también le ha permitido fortalecer su autonomía.

Pero uno de los regalos más valiosos que le ha brindado este lugar es la posibilidad de compartir sus días con personas que la acogen, la respetan y le permiten sentirse a salvo, sin tener que vivir a la defensiva o temer al rechazo. Porque, para Norma, encontrar un lugar donde pueda ser ella misma es también una manera de recuperar esa libertad que tanto anhela cuando sale a las calles.
Historias como la de Norma nos recuerdan la importancia de seguir construyendo espacios de inclusión, protección y respeto, donde cada persona pueda sentirse bienvenida, reconocida y libre de ser quien es. Por eso, desde la Alcaldía Distrital de Santiago de Cali, a través de la Secretaría de Bienestar Social, en alianza con la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Cali, se trabaja en el fortalecimiento de los comedores comunitarios como escenarios que, además de brindar alimentación, promueven el bienestar, la dignidad y el acompañamiento a las comunidades.
Por ahora, Norma seguirá caminando las calles de Santiago de Cali, quizás con el temor de encontrarse con el rechazo, pero con la tranquilidad de saber que la espera un comedor comunitario que la acoge, la acompaña y, sobre todo, la ama.

Comunicador Social - Proyecto Comedores Comunitarios