El programa de comedores comunitarios se realiza gracias a la articulación entre la Alcaldía Distrital, la Arquidiócesis de Cali y la comunidad, y es desde esa perspectiva, que mi profesión como comunicador social me ha encarado en muchas ocasiones, pues una cosa es la catedra de la universidad y otra muy diferente la realidad territorial.
Recuerdo cuando estaba en mi formación académica y me hablaban de “La comunicación para el cambio social” y como rechaza categóricamente las teorías de la comunicación para el desarrollo, en sí, cuestión de catedra, pero una vez entré al programa de comedores comunitarios entendí la verdadera práctica.
Lo primero es entender que los territorios son demasiado cambiantes y diversos, por lo cual, en ocasiones comprenderlos se vuelve en un reto casi imposible. Sin embargo, es en ese mismo ejercicio que veo con asombro como aquellas poblaciones marginadas y hasta en ocasiones denominadas “calientes”, abren el corazón para la Arquidiócesis de Cali.
Es que no es cuestión de tomar una foto con buena iluminación y un agradable ángulo, mucho menos es grabar un video donde todos lloremos y lleguemos al simple sentimentalismo. Es precisamente en esa parte donde como Iglesia nos diferenciamos.
Cada producto que ha pasado por mis manos, me ha permitido reconocer que hago parte de la historia de las gestoras y gestores, reconozco que a través de mi labor estoy anunciando una vez más a Cristo, porque en ocasiones creemos que solo lo anunciamos visibilizando acciones concretas litúrgicas, pero olvidamos que donde está la Iglesia, ahí está Jesús.
Debo confesar que, en muchas ocasiones, después de un día cansado de recoger videos y fotografías en los territorios, llego a mi casa, me sirvo un café, me siento en mi escritorio y empiezo a ver toda la riqueza que capture a través de mis equipos. En más de una ocasión he pensado ¡Aquí esta Cristo!, es que pensemos por un momento, el comunicador solo puede visibilizar lo que está pasando, pero los comunicadores de la Iglesia estamos visibilizando la gracia de la realidad social, tenemos la dicha de decirle al mundo que el mismo Jesús que caminó sobre las aguas, hoy está acompañando a las más de 2000 gestoras que entregan alimentos a población vulnerable, porque creen que con ello están ganándose un pedacito de cielo
La gracia de Dios viene en auxilio de su pueblo y es esa misma gracia que he podido percibir en mis días de coordinador de comunicaciones en comedores comunitarios. La gracia de comprender que cuando un beneficiario sonríe al recibir un alimento, es el mismo Cristo que está sonriendo, porque estábamos cumpliendo con la misión encomendada.
Comunicar lo hace cualquiera, pero la Iglesia confía planamente que la comunicación que debe salir de nuestras acciones es la más humana, donde el centro es la dignidad del ser, ya que Cristo confía en cada persona, sin importar su situación.
Recordemos que, en cada barrio, en cada calle y en cada casa, hay una historia que merece ser contada.

Pastoral Social — Arquidiócesis de Cali